La implantación de gobiernos de derecha en la región, sus implicancias, las diferencias del proceso en Brasil y Argentina y las decisiones de los electores fueron algunos de los temas que abordó Rodrigo Patto Sá Motta, doctor en Historia de la Universidad Federal de Minas Gerais (Brasil), durante su visita en agosto al Campus de Los Polvorines.

Junto al investigador docente del Instituto del Desarrollo Humano (IDH), Ernesto Bohoslavsky, Patto Sá Motta fue entrevistado en el espacio del área de prensa de la Universidad en FM La Uni 91.7. En una interesante charla, se refirió al avance de fuerzas de derecha en distintas partes del mundo y a las particularidades del proceso en la región latinoamericana: “Después de un periodo de gobierno de izquierda mucha gente se enfada, hay un desgaste natural por los cambios que alcanza pero también por sus errores y ahí hay casi naturalmente una reacción más de derecha”.

Patto Sá Motta indicó ciertas características distintivas de la derecha en su país, como haber alcanzado el poder en forma rápida y gracias a la manipulación de la ley y de la Constitución. También su matiz liberal, mercantilista, en asociación a una derecha conservadora religiosa (los evangélicos, nuevos cristianos).

Las universidades y el régimen militar de Brasil (1964-1985) es uno de los temas de investigación del brasilero. A modo comparativo, uno de los puntos que para él conectan la derecha de los 70 con la actual es la “concepción conservadora de la enseñanza”. Dio como ejemplo el avance del proyecto “Escuelas sin partido” en Brasil, que ya se aplica en algunas regiones y busca prohibir la discusión política, de género o de cuestiones raciales en el aula. Según el investigador, esta derechización de opiniones crea un movimiento de presión y hostigamiento sobre los docentes, por ejemplo, vía redes sociales.

En cuanto a los ciudadanos y su grado de reacción y movilización, Bohoslavsky trazó diferencias entre Argentina y Brasil. Para el investigador docente, entre los brasileros “hay una suerte de divorcio entre la clase política y el grueso de la sociedad”. Y contó una anécdota al respecto. En forma reciente, visitó una universidad en el sur de Brasil, en Paraná, y le contaron que el gobernador tenía la intención de reducir aproximadamente el 15% de los sueldos de los docentes universitarios. Ante su consulta sobre si hubo una reacción popular de algún tipo, le respondieron que, por el contrario, la medida del gobernador tiene bastante apoyo popular porque circula una idea que indica que los docentes universitarios son militantes del Partido de los Trabajadores (PT) o comunistas o algo parecido y que era un gasto innecesario.

Patto Sá Motta coincidió y consideró que “la cultura política de Brasil es paradójicamente despolitizada”. “Hubo protestas -continuó-, pero insuficientes para cambiar las cosas, para hacer la debida presión sobre el gobierno. De hecho, la mayoría de la población, la más afectada no se movilizó. No significa que sea gente tonta, ignorante, es una manera diferente de vivir la política”. 

Bohoslavsky opinó que se tiende a “moralizar” la discusión política: “Está colocado el debate en torno a la calidad moral de los dirigentes y no en torno al contenido de las decisiones. No se discute que tiene que haber una política social, pero lo que está en juego es si un gobernarte tiene la estatura moral para llevarla a cabo y la cuestión de si los potenciales beneficiarios de las políticas sociales lo merecen. Es un discusión puesta más en el modo que en el qué”.

Sobre el triunfo de las derechas en la región y las decisiones de los votantes, el investigador docente de la UNGS sostuvo que “una de las grandes preguntas sociológicas y políticas es por qué y en qué momento sectores de ingresos medios o ingresos medios altos viven como amenaza un ascenso social de los que tienen abajo y no viven como amenaza la concentración de la renta en la cúspide”. Una de las razones por las cuales un partido gana una elección puede estar vinculada a “la expresión política de resentimiento”, según Bohoslavsky. Es decir, “personas que perciben que hay conciudadanos que ganan más de lo que les parece que merecen o que son más remunerados que lo que ellos mismos creen merecer”. De este modo, explica que “hay una cuestión de comparación que les empieza a resultar amenazante, no porque pierdan sino porque ganan menos” y concluye: “Se torna un sector social disponible para un relato político, una identidad, una comunidad política imaginada donde no están incluidos los de más abajo”.

El investigador brasilero aporta a las reflexiones de Bohoslavsky ejemplificando con el trabajo doméstico en Brasil. Explica que en algún punto la esclavitud continúa existiendo en su país, ya que los trabajadores domésticos tienen una relación de “siervos” con sus “patrones”. Y cuando el PT sancionó leyes sociales para beneficiar a estos trabajadores, la clase media reaccionó, por razones económicas y simbólicas. “Mucha gente tiene dificultad de aceptar esa idea que los de abajo pueden tener derechos también”, cerró.

Aquí se puede escuchar la entrevista completa.